CRÓNICA: Palmbuschen y el cuento de Samuel Whiskers en una noche de Valdepiélagos.
CRÓNICA: Palmbuschen y el cuento de Samuel Whiskers en una noche de Valdepiélagos.
He sido el segundo en llegar a la cita.
Los primeros han sido el señor cura y sus padres.
Es curioso encontrar sorianos fuera de su provincia vacía. Estos eran de un pueblo que cruzo antes de salir de Soria por Monteagudo de las Vicarias camino de Calatayud y buscar la autovía mudéjar, que llegando a Sagunto, me dirige a mi retiro en Calpe cuando voy desde el mojón de Brazacorta. El pueblo es Morón de Almazàn. Villa que he cruzado muchas veces sin pararme en ver su maravillosa plaza Mayor.
Antes de que llegara el resto de los invitados, Monika me ha enseñado un proyecto de sauce tapado por los calores. Árbol de más frío que se cuece en nuestros veranos. Y me ha contado que de sus ramas, en algunos pueblos alemanes, para celebrar el Domingo de Ramos, Palsonntag, en lugar de ramos de palma o de olivo, se hacen ramos con ramas de sauce, Palmbuschen. Deseo que las ramas de este valiente retoñen hacia la próxima Semana Santa.
Una vez colocado el buffet de las viandas que todo el mundo ha llevado, nos hemos cogido un plato y servido, desde asado de cerdo a tortillas de patatas, de empanadas a mejillones tigres, de croquetas a sándwiches, pasando por deliciosas especialidades hechas en varias casas. Hasta había cangrejos con tomate pescados en ríos sorianos utilizando sardinas en los reteles.
El año pasado no pude venir a esta cena del inicio del verano que organiza Susana y su familia entre las gentes de Valdepiélagos. Y nos regala el espacio de su casa con su imponente jardín donde siempre florece algo independientemente de la fecha del año.
Esta vez me he sentado junto al señor cura, el señor alcalde, y lo mejorcito de los mozos del pueblo, de otras épocas, porque hoy, excepto el sacerdote, ninguno cumpliría ya los 60.
Siempre me ha gustado sentarme en la mesa de los niños, donde siempre se aprende de los mayores. Además nuestras risas parecían ser envidiadas por otras mesas.
Le hemos contado a nuestro reciente cura dimes y diretes de otras épocas. Y lo "buenos" que eran los chicos de entonces.
Que sí los alemanes, el tío Chisma y el tío Loco, que sí se iba con botijos a las fuentes, que sí había derecho de pernada de algún viejo sobre las aguas, que sí la luz venía del molino de Talamanca, que sí los que nos visitaban eran mercheros y no gitanos, que cómo bailar con la más fea, que sí se colaban otros en bodas ajenas, que sí el tesoro oculto en el camino de El Casar, que sí el que no era médico operaba sin serlo, algunas veces pegando tiros a bombonas de butano, que sí la guardia civil quitaba escopetillas de perdigones cuando en la Soledad se disparaba a toda ave de dos patas. Hasta he oído como en el pasado las gallinas muertas volaban tras un muro, y luego regresaban volando.
En fin, que nos hemos levantado entre risas a por más comida y más bebida, mientras el párroco y su padre, alucinaban.
Y ha sido antes de ir a por los postres cuando han contado un cuento pasado.Espacio falta en este canto para dar ciertos detalles. Imaginad que allá por 1908 una escritora inglesa, Beatrix Potter, publicó el cuento The Tale of the Roly-Poly Pudding que trataba sobre Tom Gatito, un travieso felino que se esconde detrás de las paredes de su casa y es capturado por una pareja de ratas malvadas (Samuel Bigotes y su esposa Anna) para ser cocinado dentro de un postre. Pero esto es para niños. Y he de reconocer que no hemos contado este cuento sino otro con el que se ha deleitado Juan Francisco Puentes, que va sobre un valdepielagueño Roly-Poly Pudding, aunque en esta villa se le llama, brazo de gitano. Pero he prometido no relatar ese cuento local. Así que el que quiera saber, que vaya a la escuela, donde en algún pasado Paco fue maestro.
Es admirable este valdepielagueño. Que no dudo que sea mejor cronista que el oficial.
Y como a la Cenicienta me ha llegado la hora. La hora de volver a Madrid.
Me he despedido de los invitados no sin antes agradecer a los anfitriones su paciencia y su dedicación.
Y lo he hecho desde una habitación que me embriaga el alma donde en las estanterias hay lo que ya no se suele encontrar, excelentes libros.
El resto después de los adioses ha sido coger el coche y pasar junto a la ermita de la Soledad, la cubierta del próximo libro. Aunque la imagen actual no sea la misma.
Gracias a los que me han regalado un instante.
A un pueblo le hace grande sus gentes. Y hoy he podido dar fe de ello.
@agustindelasheras
@cronistadevaldepielagos
@presidentecronistasmadrileños

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