CRÓNICA: Una subasta en la historia de Valdepiélagos.
CRÓNICA: Una subasta en la historia de Valdepiélagos.
Ayer hice la promesa de escribir sobre el Coto San Benito y voy a intentar hacerlo en un viaje desde la historia publicada hasta nuestra historia local, la no escrita, pero que es nuestra.
En la portada del número 688 del Diario de Madrid, del miércoles 15 de febrero de 1837, se menciona a Valdepiélagos.
Entre los avisos oficiales se encuentra uno de los juzgados de primera instancia de Madrid.
"Por disposición del Sr. Intendente de esta provincia, consiguiente al decreto de 19 de febrero del año anterior, y a lo prevenido en el artículo 28 de la instrucción de primero de marzo del mismo, se han de subastar y rematar al mejor postor en las casas consistoriales de esta villa el día 16 del corriente, de una a dos de la tarde ante el Sr. D. José Rodríguez Valdeosera, juez de primera instancia de esta capital, y del escribano de S.M., cartulario de los del número de la misma, D. José Urrutia, las siguiente fincas nacionales:
Término de Valdepiélagos
Siete pedazos de tierra que aunque componen uno solo son de diferentes calidades, situado en el término de Valdepiélagos, que perteneció al convento de Dominicos de Guadalajara, llamado de San Benito, con 1.460 fanegas, y su renta de 2.250 reales, tasado en 74.850 reales."
Esta noticia se publica en los años de la Desamortización de Mendizabal, que sucedió entre 1835 y 1837.
La desamortización consistía en una expropiación forzosa de bienes y tierras
que se encontraban en poder de la Iglesia católica y las órdenes religiosas que los habían acumulado como habituales beneficiarias de donaciones, testamentos sin herederos y tierras comunales de los municipios, que servían de complemento para la precaria economía de los pueblos y de los que cobraban rentas. La desamortización culminaba en una subasta pública como la que se anuncia.
La división de las expropiaciones buscaba configurar grandes lotes inasequibles a los pequeños propietarios y las gentes de los pueblos que no pudieron entrar en las pujas y las tierras fueron compradas por nobles y burgueses urbanos adinerados.
Aquí empezó la historia del Coto San Benito.
Aun recuerdo hace unos años al término de la procesión de San Isidro cuando Jose Ignacio Gil me contó que su mujer trabajaba con un nieto de la dueña del Coto San Benito, que lo vendió a principio de los años 50 del siglo pasado. Esa familia fue parte de la historia de Valdepiélagos.
Ese nieto se llama Enrique Álvarez Tolcheff.
Su abuelo era Alfonso Álvarez Suárez (segundo marido de su abuela Luisa, fallecido en 1937). Abogado y funcionario del INP, fue diputado provincial de Madrid durante la dictadura de Primo de Rivera.
Los hijos de Alfonso y Luisa fueron su tío Alfonso y su padre, Luis Enrique Álvarez Llopis, “los chicos del Cerro”, como les conocían en Valdepiélagos.
El primer marido de su abuela se llamaba César Martín López, y tuvieron dos hijos: su tía Lolín (Dolores) y su tío César Martín Llopis.
Su tía Lolín se casó con Bautista Esquer, arquitecto. Juan Bautista Esquer de la Torre es el artifice de la creación de la nueva sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, de Ciudad Pegaso, la antigua fábrica de Marconi y... ¡Nuestro ayuntamiento!
Mi maestro cronista, Anatolio González, me contaba que 1947, el alcalde José Pascual estuvo días detrás del gobernador civil para que ayudará en la construcción de un nuevo ayuntamiento en Valdepiélagos. Este alcalde era amigo de César Martín Llopis hijo de la dueña del Coto San Benito, Luisa Llopis, que convenció a Bautista, su yerno para que hiciera el proyecto que fue aceptado por el gobernador. Bautista lo hizo gratis pero falleció. Comió antes de una operación y nadie le advirtió. El gobernador mandó dinero todos los meses y el pueblo trabajó en un proyecto que terminó en 1949.
Pero sigamos con Enrique Álvarez. Su tío César se casó con Rosario Marco, que era de Algete. César se paseaba mucho a caballo, llegó a ser novillero aficionado y le gustaban los coches y los aviones. De hecho sobrevoló el pueblo días antes de la guerra incivil. Le gustaba mucho ir a las fiestas de los alrededores. Quizás así conoció a Rosario, de Algete.
Enrique cree que los padres de su tía Charito tenían una gestoría en Algete. Rosario Marco tuvieron una hija, su prima Marucha.
Su tío Alfonso se casó con Sofía Wiese, que falleció hace unos años y a la que no pude conocer.
La madre de Enrique era María Tolcheff.
Todas estas personas, antes o después, estuvieron en el Coto San Benito.
Enrique tuvo a bien compartir unas fotos por si alguien pudiera conocer a algún familiar.
En una de las fotos, junto a Luisa Llopis, aparece un valdepielagueño, Román, un personaje de la máxima confianza de la dueña.
Sofia Wiese, tía de Enrique, casada con Alfonso Llopis, murió con 98 años y recordaba perfectamente a Román. Dice que hacía buen vino y que su mujer tenía mofletes colorados.
Investigando el último libro de defunciones de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Valdepiélagos figura la partida de defunción de Román.
Román González Rodríguez falleció el 17 de marzo de 1962 a las 17 horas a consecuencia de una insuficiencia cardiaca. Tenia 77 años. Viudo de Angela Puentes Moreno y casado en segundas nupcias con Paz Fernández de las Heras. Dejó tres hijos, Adriana, Ricardo y Juan.
Juan, Juanito, era el marido de Edelmira nuestra vecina y a la vez mi prima.
Como habéis visto, de la historia de España hemos llegado a nuestra historia local con nombres que muchos conoceréis.
Una última pincelada, mi bisabuelo Agustín de las Heras era el guarda del Coto San Benito cuando nació mi tía Maria Luisa de las Heras Frutos. Ella se llamaba así por la dueña del coto que también fue su madrina cuando la bautizaron.
Nadie muere mientras no sea olvidado.
@agustindelasheras
@cronistadevaldepielagos
@presidentecronistasmadrileños

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