CRÓNICA: Mujeres ilustres de Valdepiélagos.


CRÓNICA:  Mujeres ilustres de Valdepiélagos.


Es una tarea imposible y a la vez injusta hablar de unas valdepielagueñas y no de otras. 

Cualquier madre, abuela, bisabuela, hija, nieta, bisnieta... nacida en Valdepiélagos, merece ser nombrada.

Fueron mujeres que lucharon en el día a día junto a los hombres teniendo también tareas que los hombres les hacían injustamente exclusivas de ellas.

Y aunque me centre mayoritarimente en mujeres nacidas en esta villa no olvido a todas aquellas vecinas que, aun nacidas en otro lugar, vinieron a éste e "hicieron pueblo", formando parte de él escribiendo su historia y que hoy día lo siguen haciendo.

Hoy relaciono algunas que aparecieron en  mis crónicas a las que podéis acceder desde en el enlace que hay al final de la página del cronista, de la web del ayuntamiento de Valdepiélagos.

https://www.valdepielagos.es/cronista/

Una vez en la página encontreis una lupa donde poniendo el nombre de nuestras ilustres os llevará a la crónica. 

Hoy, como anticipo, recuerdo por ejemplo a Leoncia González, abuela paterna de Luis Mariano, el tenor irunés. Que no tuvo una vida fácil desde que salió de Valdepiélagos.

Y a Maria de Espolea, la pastora, que tuvo que bregar con la Inquisición allà por 1640 ante acusaciones injustas fundadas en envidias y posibles favores no atendidos.

Y a Manuela Martín Frutos, 37 años, la madre de Bernardina, Ciriaca, Tiburcia y Agustín de las Heras, que estando en la cama inmóvil víctima de una perlesía, murió quemada por un lamentable accidente.

Y a Clotilde Fernández que un 10 de mayo de 1827 perdió a su hijo Casto Pascual Fernández que en el paraje Los Vasallos se ahogó en una charca, formada por un reguero de agua de las últimas lluvias y cercana al melonar donde estaba su hermano, mientras su padre, Toribio, labraba una tierra en La Valbuena. Clotilde enterró su hijo en el suelo de la iglesia, muy cerca de la escalera que sube al coro.

Y también quiero recordar a Balbina Gil Moreno, madre de Lorenzo Gil que ayudó a que vinieran al mundo muchos valdepielagueños que hoy tienen entre 60 y 70 años.

Y a Magdalena Bedoya Quintana, nuestra centenaria que el 24 de octubre de 1998 todo Valdepiélagos homenajeó al ser la primera valdepielagueña en cumplir 100 años. Había nacido en Talamanca de Jarama a las puertas del siglo XX. Y subió a la villa de Valdepiélagos cuando contrajo matrimonio un 10 de mayo de 1924 con el valdepielagueño Antonino García Rojo. Gracias a Magdalena, actuando como nodriza, sobrevivió Antonio de las Heras que con apenas 13 días quedó huérfano en 1932 de mi abuela Antonia Frutos que murio despues del parto de una pleuritis. Este cronista lleva la genética de Antonia pero la vida, que dio a mi padre, tuvo como resultado que yo existiera.

Y puestos a recordar mujeres, recuerdo que un lunes 14 de mayo de 1832, víspera de la fiesta del patrón de Valdepiélagos, San Isidro, se casó Norberta Estaca Moreno, la hija de los también valdepiélagueños, Victor y Balbina con un madrileño, viudo, llamado José Vera. Norberta fue la madre del ilustre pintor Alejo Vera Estaca.

Por último recuerdo a la primera mujer valdepielagueña enterrada en la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad el 12 de octubre de 1884, Clara Quintana, que murió de una pleuroneumonía a la edad de 37 años.

Y para terminar el homenaje a esas mujeres trabajadoras permitidme que recuerde a mi madre que casualmente el último día que vivió fue un 8 de marzo.

Nadie muere mientras no sea olvidado.


@agustindelasheras

@cronistadevaldepielagos

@presidentecronistasmadrileños

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